sábado, 20 de diciembre de 2014

Tomate de árbol

Me sacude el ruido que hace el motor de la licuadora, en la que varios trozos de tomate de árbol dan vueltas sin cesar y que luego acompañarán a unos huevos revueltos con jamón en el desayuno. Salto de la cama a toda velocidad, me dirijo a la cocina y sin mediar palabra oprimo el botón de apagado del aparato, mientras la autora del escándalo, quien ha encendido el electrodoméstico a las siete de la mañana, se queda entre sorprendida y espantada. La escena se repetirá algunas veces durante un poco más de una semana, pero con algunas variaciones : sólo saltaré de la cama una vez más,  no apagaré el motor, la puerta de la cocina estará cerrada para que no se interrumpa el sueño ajeno y otras frutas jugarán a mezclarse con agua en el vaso de la licuadora. La rutina diaria cambiará por culpa de un huésped temporal.

Este visitante esperado que arribará desde el día anterior a la ciudad, no tendrá intenciones de marcharse. Se obligará a trazar un plan para regresar el siguiente año. Serán las olas del mar, la brisa, la música, los contrastes, los encuentros con amigos viejos y nuevos, las historias por contar y escribir, las que se vayan sumando como razones para aparecer de nuevo en este territorio. A medida que se acerque la fecha estipulada para su regreso, se llenará de : imágenes, ideas, planes, voces, rostros, melodías, formas de interpretar la vida. Se moverá sin tiempo para digerir tanta información , pero con la seguridad de atesorar cada momento. Los demás también lo recordarán porque en su compañía harán nuevos descubrimientos y celebrarán la magia de este encuentro aún después de su partida.

En la distancia, el huésped temporal, dejará de serlo. Estará presente en las conversaciones con los amigos que también serán sus amigos desde ahora y que lo han sido desde antes. Se quedará en la expectativa que genera su retorno, en las palabras de aliento, en los sueños que estrechó e impulsó. Lo extrañarán por su forma de andar y sorprenderse; por su entusiasmo al escuchar a los demás y su amor incondicional por el Frozo Malt. También lo recordarán por los episodios con la licuadora, la devoción al tomate de árbol, las conversaciones sobre la infancia y las anécdotas sobre crucigramas sin resolver. Lo esperarán para verlo renovado y feliz en torno a las letras, las cómplices de siempre.


Para el mopri, John F. 












2 comentarios:

Matilde Robayo dijo...

Hombe Luz uno no debería tener enamorados en la vida, solo llenarla de gente con sentimientos mas allá de todo interés como los tuyos. Una buena amistad: tesoro invaluable.

Lidia Corcione dijo...

esta no me la conocía, usted va por excelente camino