domingo, 17 de abril de 2011

Libertad bajo palabra

Algo que me gusta de los cuentos es que podemos recurrir a la ficción para cambiar la realidad. También está la posibilidad de dejar a unos personajes, que he construido a mi antojo, el afrontar situaciones que nos los lleven necesariamente a un final feliz. Incluso no tengo que dar respuestas, no debo solucionar algo, simplemente plantear un problema, pero hacerlo de manera creíble.

Eso parece fácil, pero no lo es. La realidad con todos sus matices traspasa en ocasiones la barrera de la ficción. Lo que uno piensa que no puede ser posible, termina por aparecer ante tus ojos en forma de contrastes, de imágenes que superan tu imaginación. Te encuentras con personajes que buscan explicaciones, que necesitan que sus acciones y las de los demás los lleven a un final ideal, y a los que la vida les ha planteado decisiones que van más allá de establecer el conflicto de un cuento.

Dicen que escribir sirve para: hacer catarsis, expulsar a los demonios, comunicar ideas, comprender el mundo, entenderse a uno mismo y en ocasiones a los demás. Aunque, todas estas cosas no ocurren siempre en el mismo orden, ni al mismo tiempo. Es más, uno se queda a veces varado un largo rato en alguna. Para los que creen en las reencarnaciones, tal vez puedan pasar varias antes de abordar toda la lista.

Entonces mientras uno va por ahí, tratando de solucionar esos asuntos que se han planteado en vidas pasadas, utiliza: lo que ve, escucha, lee, sueña, recuerda, le cuentan, experimenta; para jugar con las letras y zambullirse en el terreno de lo inventado, de lo imposible, de lo que uno quiere crear.

Últimamente he estado cruzando esta frontera entre ficción y realidad. Cada quince días atravieso una puerta azul que establece este límite. Entro a un sitio, en el que lo palpable, lo cierto, es que la gente no puede salir. Lo que se inventa a cada instante son las formas de evadir el encierro y lograr que la mente se mantenga en calma. Parte de este ejercicio es el programa “Libertad bajo palabra” que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC). Su objetivo es dotar a las cárceles del país con bibliotecas y animar a los reclusos a desarrollar actividades relacionadas con la lectura y la escritura.

Este proyecto que se realiza en dieciséis centros penitenciarios del país y del que hago parte para que estas personas tengan un contacto con la literatura, es una oportunidad de esas que llegan inesperadamente de la mano de un amigo: “el profe”, Antonio Silvera.

Antonio es el director del programa en Barranquilla y me ha encargado la misión de ponerme en contacto con un grupo de internos de la cárcel del Bosque, dos veces al mes, en sesiones de tres horas. Con lo que no contaba “el profe” era con las consecuencias de este trabajo, aunque creo que él ya lo ha vivido.

La situación se ha convertido en un intercambio. Una forma de ver la vida a través de otros, que por diversas razones conciben la libertad de un color en especial, del azul de la puerta de ingreso, la misma que los separa del exterior. La misma junto a la cual juegan con frecuencia un grupo de niños, que aprovechan un pequeño parque que hay cerca para realizar su clase de educación física. Ellos están afuera, en dónde quisieran estar mis alumnos, a los que les aprendo aunque se trate de lo contrario, que ellos aprendan algo a través de mí.

El propósito del programa no es formar escritores, se trata de ser una alternativa, una opción en un lugar en el que hay pocas para afrontar años de aislamiento. Lo valioso es que exista este puente, esta comunicación, este enlace con la literatura que es la más grande de todas las puertas. Una que se abre en varios puntos del país para que las personas puedan expresarse y lograr que sus ideas viajen más allá de las paredes que los rodean.











1 comentario:

Directora Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa para Sucre dijo...

Felicidades por el texto y tú labor en Libertad Bajo Palabra... Bienvenida a este proyecto que compartimos esta experiencia única y gratificante.

Un abrazo.